sábado, 26 de octubre de 2013

CONOCIMIENTO A PRIORI 2

El conocimiento a priori según Kant es definido como aquel que es completamente independiente de la experiencia; pero no ya el que es independiente de esta o aquella experiencia, sino de toda experiencia. Con esto lo que Kant quiere darnos a entender es que los conocimientos a priori son todos aquellos a los que no se ha añadido nada empírico, para tratar de hacer más claro este punto pensemos en el caso de la proposición todo cambio tiene su causa,  que resulta ser efectivamente a priori, dado que es independiente de la experiencia, pero sin embargo, no puede considerarse como a priori puro, dado que el concepto de cambio sólo puede extraerse de la información proporcionada por la sensibilidad, y por lo tanto a dicha proposición a priori se le ha añadido algo empírico.
Para Kant las formas a priori de la sensibilidad (las intuiciones puras) así como las categorías o conceptos puros del entendimiento, si bien dependen de la experiencia sensible para poder tener algo sobre lo cual actuar, en cuanto tales son completamente independientes de los datos sensibles, es decir son a priori. Ahora bien, resulta necesario que se admita que dichas formas necesitan ser universales y necesarias, dado que al no ser dependientes de la experiencia, no pueden ser puestas en juicio por ningún hecho del mundo. En consecuencia estas han de aplicarse a todo conocimiento válido y a todo ser humano (universalidad), al tiempo que resultan necesarias respecto al conocimiento de los fenómenos.
 
Es necesario que tengamos en cuenta, que cuando Kant nos dice que las formas  son a priori, no pretende adoptar en ningún momento algún tipo de innatismo, puesto que  si bien las formas a priori no dependen de la experiencia, si requieren de ella para poder ejercer su acción.
De esta manera las formas a priori de la sensibilidad y del entendimiento son instrumentos cognitivos que, aún sin ser innatos, aparecen a priori en el sujeto cognoscente y hacen que sea posible el conocimiento. Esto es dado a que precisamente a su carácter innato, dichos elementos requieren de una especie de correlato sobre el cual actuar, y es en este sentido que las sensaciones  son un aspecto imprescindible del quehacer cognitivo en la teoría kantiana del conocimiento.
Es así que resulta ahora decisivo insistir sobre esto: si las formas a priori fuesen innatas, entonces sería posible ejercitar la actividad cognitiva sin necesidad alguna de la experiencia, pero esto no es lo que defiende Kant, pues para él las sensaciones son condición de posibilidad de todo conocimiento legítimo: en definitiva, todo pensar tiene que hacer referencia, directa o indirectamente, a intuiciones y, por consiguiente (entre los humanos), a la sensibilidad, ya que ningún objeto se nos puede dar de otra forma (Crítica de la Razón Pura, A 19/B 33).


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